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HISTORIA DE RIAZOR

El 29 de octubre de 1944 vio la disputa de su primer partido el Estadio Municipal de Riazor, un Deportivo-Valencia, aunque la inauguración oficial fue en el encuentro España-Portugal del 6 de mayo de 1945. Sustituía así al viejo campo conocido como Parque de Riazor, situado donde se ubica hoy en día el colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. El terreno fue adquirido por el Ayuntamiento por 300.000 pesetas y el proyecto fue obra del arquitecto Santiago Rey Pedreira.

El ascenso de 1941 reavivó la necesidad de construir un nuevo campo de fútbol. Ya desde 1939 el arquitecto municipal había comenzado a diseñar una instalación arquitectónicamente emblemática.

La construcción del estadio había sobrepasado los cinco millones de pesetas y reflejaba un diseño típico de la arquitectura monumentalista de la Alemania de entreguerras. Dicha característica hizo que el Deportivo pasase de jugar en un campo mediocre a uno de los más grandes de España.

No en vano el recinto ocupaba 39.325 m2 y su terreno de juego era más grande que el actual (105 por 74, frente a los 105 por 68 actuales). Su capacidad fue la más alta de toda la historia con 32.000 espectadores sentados o 40.000 de pie. Las propias cifras dan idea del monumentalismo del estadio, el cual se acentuaba por varios elementos singulares.

Uno de ellos era la larga columnata con arcadas a modo de fachada que enfrentaba la playa de Riazor, las conocidas como “puertas olímpicas”; otro lo era el propio diseño del estadio, con una pista de atletismo de seis calles y forma de herradura a la manera de los recintos clásicos, en lo que incidía la susodicha columnata. La llamada Grada Elevada, situada en el lugar de la actual Preferencia Superior, fue una de las mayores de España en su día, y su enormidad (como refleja su nombre) se debía a que a mayores de la bandeja inferior tenía otra superior coronada por una retahíla de banderas típica de aquellos estadios. Las viejas fotografías de Riazor permiten ver unas celosías cruciformes que cerraban las gradas y que aún se conservan en la parisina pista central de tenis de Roland Garros.

Por último, un gigantesco obelisco que excedía los 45 metros de altura resaltaba de esta forma el eje axial del campo. Aquel hito arquitectónico llamado Torre de Marathón no era sino un mirador para seguir en panorámica las pruebas atléticas, fundamentalmente la maratón, que se disputarían por la ciudad y finalizarían, lógicamente, en el estadio.

Con el paso del tiempo se demostró la poca utilidad de semejante elemento, aunque la vocación atlética del recinto sirvió para que el RC Deportivo desarrollase una prestigiosa sección de atletismo y para que Riazor fuese sede de campeonatos militares, universitarios y mítines diversos de atletismo. Las competiciones atléticas de Riazor, sobre todo después de la reforma de 1982, llegaron a ser memorables en pruebas de mediofondo en las que se rozaron récords mundiales, como sucedió con el marroquí Said Aouita a finales de los ochenta en los Teresa Herrera atléticos.

El estadio se inauguró con una derrota por 2-3 contra el Valencia y los resultados posteriores fueron tan negativos que llegó a considerarse gafe. Nada que ver con la realidad, como años después se demostraría. Riazor era un recinto enorme no solo para tan modesta plantilla sino incluso para la propia ciudad, pues en sus gradas cabía cerca de la mitad de la población de la ciudad en 1945, que entonces tenía unos 120.000 habitantes.

De hecho en la Temporada 1946-1947, Riazor fue la sede de la final de Copa entre el Real Madrid y el Espanyol, con victoria por 2-0 para los madridistas.

Con motivo del Mundial de 1982, condicionado claramente por el fútbol, el Estadio sufre una profunda remodelación, dirigida por el arquitecto municipal Antonio Desmonts. Pierde el encanto original y el recorte que sufren sus pistas de atletismo condiciona a partir de ese momento su uso para competiciones de carácter internacional, a la par que gana en confortabilidad, con numerosas localidades de asiento y cubiertas.

Ya en la Temporada 1983-1984, el Ayuntamiento y el Deportivo acuerdan a través de un convenio la cesión del Estadio por un período de cincuenta años, al precio simbólico de una peseta anual.

Mediada la década de los años 90, el Estadio acometió una nueva remodelación, con el fin de cerrarlo y transformarlo en un campo de fútbol, sin pistas de atletismo. Riazor pasó a ser una “bombonera”. Desaparecieron las gradas de Lateral de Marcador y Especial de Niños para dar lugar a la nueva de Pabellón, mientras General pasaba a ser Marathón.

En el año 2000 este acuerdo de colaboración entre el Ayuntamiento y el Deportivo fue revisado ajustándose a los nuevos tiempos y a las necesidades del Club y de la ciudad. El Estadio de Riazor fue modificado ese año para adecuarse a la normativa de la UEFA para que el equipo participase, por primera vez, en la Liga de Campeones. La sala de prensa, el palco y la zona de las televisiones fueron las que más cambios sufrieron.

Después, escalonadamente, el Club ha ido acometiendo distintas mejoras. Se construyeron los Palcos VIP y, en los últimos tiempos, se han adecentado los accesos y estancias interiores, además de instalarse unos nuevos vídeomarcadores de gran formato (22x5 metros).

El 29 de junio de 2017, el recinto pasó a denominarse comercialmente Estadio ABANCA-RIAZOR, tras la firma del nuevo acuerdo de patrocinio de la entidad financiera.