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#ANosaHistoria: Hoy se cumplen treinta años del trágico fallecimiento de Javier Sagarzazu

16/08/2017 10:10

Hoy se cumplen 30 años de una fecha trágica, uno de los días más funestos del deportivismo a lo largo de sus más de 110 años de vida. Tal día como hoy en 1987, el Deportivo no perdía un partido, ni sufría un descenso, ni veía cómo se le escapaba un ascenso. Veía como la vida de uno de sus futbolistas se acababa en sus manos sin poder hacer nada por evitarlo. Un domingo de agosto de 1987, día 16, muy cerca de la coruñesa localidad de Carral, fallecía Javier María Sagarzazu Unanue.

El Deportivo viene de sufrir uno de los mayores varapalos de su historia. Después de los ascensos negados ante el Rayo, en 1983, y el Oviedo, en 1986, el equipo pierde de nuevo el tren de Primera en la infausta temporada del playoff, la 1986-1987. Aquella campaña, el Deportivo acaba el Campeonato de Segunda División en posiciones de ascenso, pero la reforma de las categorías profesionales del fútbol español obliga a disputar una liguilla de diez partidos para decidir las posiciones finales.

En el decisivo Dépor-Celta en Riazor, el colegiado asturiano Díaz Vega convierte en penalti una falta cometida por Dacosta sobre Alvelo claramente fuera del área. Baltazar marca, el Celta se lleva los dos puntos y el Deportivo queda tocado y hundido. Esa derrota, unida al empate posterior en Málaga y la derrota en Lugo (por cierre de Riazor tras los disturbios acontecidos en el duelo de máxima rivalidad) ante el Castellón dejan al Deportivo un año más (y van 15) fuera de la élite.

Sagarzazu (Azkoitia, 11 de diciembre de 1958) es el fichaje estrella del verano de 1987. El defensa guipuzcoano viene de disputar cuatro campañas consecutivas en Primera División (117 partidos) con la Real Sociedad. En la anterior juega 38 de los 44 encuentros (33 de titular) de su equipo en la Liga, con el colofón del título de la Copa del Rey, en cuya final ante el Atlético de Madrid, definida a favor de los donostiarras en la tanda de penaltis, juega los 120 minutos.

Aquel verano también llegan a Riazor el defensa argentino Héctor Carlos Arzubialde, procedente del Club Atlético Talleres de Córdoba; el delantero (aunque acabaría jugando de todo) también argentino Carlos Ernesto Fontana, del Castellón; el centrocampista del Sestao Jon Aspiazu; y dos futbolistas cedidos por el Real Zaragoza: el portero Manolo Ruiz y el central Tomás Blesa.

El equipo se presenta en Riazor el 21 de julio. El presidente, Andrés García Yáñez, afirma que “el ascenso es un reto”, pese a que negocia desde días atrás la venta del hombre en torno al que gira el juego del equipo desde hace años, José Luis Vara. El primer partido de la pretemporada (el 28 de julio, 2-2 ante el Endesa As Pontes en el Estadio Roca de Vilalba) es el último como blanquiazul del mediapunta esteirán, que es traspasado al Betis a cambio de 25 millones de pesetas el mismo día (2 de agosto) que el Deportivo pierde el XXXVI Trofeo Emma Cuervo en los penaltis ante el Lugo.

El siguiente partido es la primera semifinal del XLII Trofeo Teresa Herrera, torneo que el Deportivo vuelve a jugar tras cinco años de ausencia. El 7 de agosto, los blanquiazules, dirigidos por segunda campaña consecutiva por Eusebio Ríos, derrotan al Sporting de Gijón. La imagen superior corresponde a aquel encuentro, el primero en el que Sagarzazu viste de blanquiazul.

Un postrero gol de Vicente (como si fuera un anticipo del que nueve meses después, ante el Racing de Santander, evitaría el mayor desastre deportivo de la historia del Club), a pase de Silvi, iguala el anotado por Ablanedo I (min. 14). En la tanda de máximos castigos, Jorge ejerce una vez más de ‘para-penaltis’, al detener el primer lanzamiento gijonés, de Joaquín. Ablanedo I envía fuera el cuarto disparo asturiano y, acto seguido, Arzubialde anota el 4-2 definitivo, que lleva al Dépor a su primera final del decano de los torneos veraniegos en tres lustros.

El partido por la Torre de Hércules de plata (al que corresponde la fotografía sobre estas líneas) se disputa el 9 de agosto. Es la reedición del histórico partido en el que el Deportivo batió al Benfica campeón de Europa, 25 años después. Al igual que la semifinal, se define desde los 11 metros. Aspiazu adelanta a los coruñeses en la primera mitad. Rui Águas empata mediado el segundo acto. Los portugueses aguantan el empate pese a acabar el partido con 9 hombres, tras las expulsiones de Carlos Manuel (min. 76, por agresión a Portela, que al repelerla también es expulsado) y Diamantino (min. 88).

En la tanda, Jorge vuelve a parar dos lanzamientos, los de Chiquinho Carlos y Veloso. Sin embargo, Bento, guardameta lisboeta, detiene tres, a Louie Donowa, Arzubialde y Cayetano. El Benfica se lleva el trofeo, en el que Javier Sagarzazu, amo y señor del lateral derecho, disputa los 180 minutos. Aunque en muchas ocasiones se ha mencionado que Sagarzazu es elegido mejor jugador de aquel Teresa Herrera, la realidad es que el trofeo es ganado por Arzubialde.

Una semana después, el 16 de agosto, el Deportivo afronta su quinto test de la pretemporada. Es la IV edición del Trofeo Concello de Carral, en la que el Dépor debe medirse al Ourense, por aquel entonces equipo de Segunda B. En el autocar camino de la Villa de los Mártires, Sagarzazu se siente indispuesto. A la altura de Tabeaio, alrededor de las 16:25 horas, el jugador comienza a respirar entrecortadamente.

Detrás de Sagarzazu viaja Fontana que, sin imaginarse ni de lejos lo que se avecina, bromea con su compañero: “Menos mal que el viaje es corto. Si llegamos a ir a Castellón...”, le dice. Inmediatamente, Fontana nota que Sagarzazu se ladea y se queda rígido. El autobús se detiene de inmediato. José Ángel Franganillo, preparador físico, y Antonio Vázquez ‘El Gitano’, masajista, tratan de reanimarlo practicándole el boca a boca.

En un vehículo particular, Sagarzazu es trasladado a Carral, donde el facultativo de la localidad, el Dr. Eduardo Pérez Pérez, le suministra estimulantes cardíacos. El Dr. Rama, requerido por la UD Carral, el club local, también le ayuda en los intentos de reanimar al futbolista.

El Dr. Pérez afirma ante la prensa que Sagarzazu llega a sus manos “clínicamente muerto”. “Lo atendí como hubiera hecho con mi padre o con mi hijo, pero aunque volvió a respirar, no recobró el conocimiento. No había nada que hacer”.

Una ambulancia lo traslada a la Ciudad Sanitaria de A Coruña. A las 17:25 horas, el cuerpo de Sagarzazu entra en el servicio de urgencias del Hospital Juan Canalejo. Es imediatamente atendido por el Dr. De Santiago, que desgraciadamente solo puede constatar el fallecimiento del jugador. Un edema cerebral que se complica con otro pulmonar es la causa de su muerte.

Nadie puede creer la noticia. Aunque recién llegado a A Coruña, Sagarzazu se ha granjeado la amistad de toda la plantilla. “Era la bondad personificada”, afirma un incrédulo Fontana. “En las pruebas físicas había sido de los mejores. Verdaderamente no me lo creo todavía”, explica el técnico Eusebio Ríos.

Obviamente, el partido es suspendido. Los restos del jugador son trasladados a Pompas Fúnebres, en donde sus compañeros y los directivos del Club velan el cadáver toda la noche.

Al día siguiente, lunes 17 de agosto, en la Colegiata de Santa María del Campo se oficia un funeral solemne por el eterno descanso de Sagarzazu, en un ambiente de gran emoción. Esa misma tarde, el cuerpo del futbolista es trasladado a Azkoitia, su localidad natal, donde recibe sepultura un día más tarde, el martes 18 de agosto.

Días antes, Sagarzazu, reconocido como un hombre introvertido, culto y amante de la lectura, había pedido unos días libres para acabar de perfilar su boda con Yosune, ya embarazada de su primer hijo. Xabier nacería pocos meses después del fallecimiento de su padre. Unos años después, el 22 de junio de 1993, la Real Sociedad eligió a Xabier para marcar, a puerta vacía y con el estadio a oscuras, el último gol de la historia de Atocha.

Con anterioridad, se suceden los encuentros de homenaje. El 2 de septiembre de 1987, en Atocha se miden la Real Sociedad y un combinado de la Liga. Gana el equipo local por 3-2, en un partido con mucho aroma deportivista: tres de los cinco goles son obra de López Rekarte, Txiki Begiristain (futuros blanquiazules) y Chuchi Hidalgo (jugador blanquiazul en aquel momento). El 21 del mismo mes, el Deportivo visita Azkoitia para medirse al Anaitasuna local, el club en el que se formó Sagarzazu.

El Concello de Carral se sumó a los homenajes dedicándole una calle, cuyo nombre se mantuvo durante varias décadas hasta que fue cambiado hace unos años. Ahora se llama Calle Paraíso.

Años después, varios jugadores reconocerían que el suceso marcó para siempre a un vestuario que estuvo a punto de dar con sus huesos en Segunda B. “Ninguno de nosotros había tenido una experiencia semejante. Quedamos hundidos durante mucho tiempo”, reconoció Vicente, que acabaría salvando los muebles en el último minuto del último partido de una temporada que concluyó como una pesadilla después de haber empezado de la forma más dramática.