La plantilla al completo, incluidos Donato y Manuel Pablo, recuperándose de sus lesiones, sus familias, el cuerpo técnico y directivos aguardaban en Madrid el comienzo de la gran Final de la Copa de S.M. el Rey en las horas previas al choque.
La marea de aficionados blanquiazules iba llegando a la capital. Los deportivistas viajaron desde la madrugada en autobuses y coches particulares desde La Coruña y hasta el comienzo del encuentro el goteo de aficionados blanquiazules fue constante, superando la cifra de 20.000 en el Estadio madrileño.
El colegiado del encuentro, Manuel Enrique Mejuto González, acompañado en las bandas por MartÃÂnez Samaniego y MartÃÂn Nieto.
A lo largo de la jornada de hoy iremos recordando algunas de las cosas que se publicaron hace un año, antes y después de la victoria, fotos, declaraciones...
Empezamos con Alfredo Relaño, que el dÃÂa 6 de marzo de 2002 publicaba en AS
Es un fenomenal contraste. De un lado, un equipo concebido como una agregación de talentos, que han ido poco a poco limando sus diferencias hasta alumbrar esa especie de milagro ecológico del que brota el fútbol; pero un fútbol sin dibujo definido, sin simetrÃÂa, que desafÃÂa el tacticismo. Del otro, un grupo armónico, estructurado en torno a la segura geometrÃÂa del cuatro-dos-tresuno, un armazón sólido en el que pueden entrar y salir jugadores sin que apenas se altere el rendimiento del grupo. Dos fórmulas, dos maneras de estar en el fútbol. Válidas las dos. Pero distintas.
Como distintas son las historias de ambos. El Madrid cumple cien años, en los que ha hecho leyenda. El Depor le anda cerca, porque va por los 96, pero casi le podemos ver como un equipo joven porque hace once años vivió algo asàcomo una refundación. Fue con ocasión de su último ascenso, después de un periodo en Segunda anormalmente largo en su costumbre. Pero desde ese regreso decidió quedarse para siempre, y además en la planta de arriba. Ahora es un igual con el Madrid y el BarQa. Gana tÃÂtulos y pisa fuerte en Europa.
Y luego, la Copa, primera pieza del triplete al que ambos aspiran. Para el Madrid, el compromiso indisimulable con su historia, con su dÃÂa. Para el Depor, la desventaja de jugar en campo contrario, pero la ilusión de provocar un Maracanazo que cualquiera envidiarÃÂa. El Depor ya sabe que al Madrid hay que atacarle, que esperarle es lo peor. El Madrid no sabe más que atacar. Es fútbol a ganar o ganar, sin puntos, sin aplazamientos. Con todo el sabor clásico y todas las ventajas del momento brillante que vivimos. Una maravilla.
JJSantos, también en As, decÃÂa horas antes del partido
Conozco desde hace años a Lendoiro y, aunque disimule, no le llega la camisa al cuello. Hace tiempo que he descubierto también al otro Florentino y, pese a que la apretada agenda le tiene preso en las últimas veinticuatro horas, vive sin vivir en él.
Es la magia del fútbol, el poder de un partido especial, la pasión por un deporte que no tiene antÃÂdoto posible. Y lo mejor para los que disfrutamos desde niños con él es que estamos como cuando nos llegaban los Reyes en Navidad. Contentos, eufóricos, contando las horas para que comience el partido.
Lo dijeron los admiradores de Maradona en su dÃÂa, los que veneraban al Maradona cuerdo y centrado, al Maradona idolatrado: "Hoy es domingo porque juega Maradona". Pues eso, hoy es domingo porque juegan los mejores equipos de Europa que son de aquÃÂ, nuestros, y con la solvencia suficiente para hacernos disfrutar.
ÿSe arrugará Irureta en el gran dÃÂa? No creo. Todo lo contrario. Proteger el centro del campo con Mauro Silva y Duscher o Sergio es garantÃÂa de libertad para Valerón, Fran y Tristán.
La seguridad que ofrecen Molina, Naybet o Scaloni en defensa es una prueba definitiva para el instinto mortal del Madrid en ataque. SÃÂ, es como una partida de ajedrez pero a lo grande. Con peones de mil millones, alfiles de cinco mil y reinas de diez mil. AsÃÂ es.
ÿQué recuerdas tú de ese dÃÂa?
