Fallece en A Coruña Roberto Veira, ex Consejero del Deportivo
Esta tarde falleció en un hospital de A Coruña Roberto Veira Pino, directivo del Real Club Deportivo desde 1988 con Augusto Cesar Lendoiro de Presidente. Posteriormente fue Consejero de la entidad hasta que dejo su cargo a consecuencia de un
En el 2003 RCD le hacía esta entrevista: ROBERTO VEIRA ENTREVISTA Año 1988. Situación caótica, el Dépor se muere. La Coruña y los socios buscan soluciones. Ante la presión popular, nueve hombres deciden tomar las riendas del club y cambiar lo irremediable. Son tildados de ilusos, locos, etc. Un sector de la prensa local se parte de risa... y comienzan las apuestas: ¿cuánto durarán? Hay imágenes, momentos, anécdotas, incluso silencios, que todo periodista debe manejar para atrapar el alma de un personaje. Con Roberto Veira no hace falta, basta con mirarle al trasluz. La mayor parte de las ocasiones llega a la sede del Deportivo escoltado por su vozarrón, entra en la oficina como un vendaval y llena la estancia con una broma o una carcajada. el baile tradicional gallego. El consejero admite que fue mejor bailarín que futbolista y si hay una pieza que le viene al pelo, o al bigote, ésa es la Muiñeira de Chantada. Por su fuerza y expresividad. “ Puede que ganar el campeonato de Liga fuese lo máximo como integrante de la entidad, pero si hablamos de sentimientos personales me quedo con el día del ascenso a Primera División ante el Murcia. Aquello lo tengo muy en la cabeza. Fue como acabar con un mal sueño y despertarme en la más pura felicidad ” RCD: ¿Cómo entró en la directiva del Real Club Deportivo? “El fichaje de Kiriakov fue surrealista” RCD: ¿Y el más triste? Arriba, Roberto Veira, su sobrino y Toshack. El consejo emula a los mosqueteros en la segunda imagen. Le sigue una simpática instantánea de Veira y el consejero Jesús Rebollo en Noruega, la fotografía de sus cuatro hijos y uno de sus nietos. RCD: ¿Con qué jugador se queda? Confesionario Aficiones Hijos Ciudad preferida Un personaje Bebida preferida. Comida Equipo preferido Jugador Rincón preferido Una época Un deseo Un sentimiento
El bailarín de los sueños
Hay quien no se ríe: sabe cómo se las gasta el candidato y hace todo lo posible para que no logre su fin.
Año 2003. La realidad supera a la ficción.
RCD quiere rendir un pequeño homenaje a cada una de las personas de la junta directiva que han hecho posible este sueño.
La vida pública de Veira ha girado sobre dos ejes claramente definidos: la banca y el fútbol modesto. En 1951 ya era directivo del Español, junto al inefable Pepe Guillín, antes incluso de que Augusto César Lendoiro, procedente del Ural, tomara el relevo de José González Dopeso y Antonio Fernández en la presidencia. Roberto Veira Pino (La Coruña, 1934) gasta fama de darle buena suerte al Deportivo en los desplazamientos y aún sonríe cuando rememora su gran pasión:
RCD: En los buenos tiempos del fútbol local, se decía que el Español era el Real Madrid de los modestos, ¿qué había de cierto?
RV: Puede que no acumulásemos tantos títulos, pero sí más categoría, je, je. Recuerdo que en un partido contra el Imperátor, en el viejo campo de La Granja, llegaron a confundirnos con un equipo de Acción Católica. La verdad es que no pude contener la risa. Pero sí, el Español acudía impecable a sus compromisos en unos tiempos que no se caracterizaban por la abundancia. Cuando tocaba el saludo entre capitanes, incluso se decía que el nuestro olía a colonia.
RV: Acababa de casarme con mi segunda mujer, cuando me telefoneó Augusto César Lendoiro. Fue en el 87 y coincidió que me encontraba en Alicante. Cuando colgué el teléfono, mi esposa me preguntó: ‘¿Quién ha llamado?’. Yo le respondí: ‘Augusto’. Entonces se echó las manos a la cabeza, como diciendo... ‘de aquí en adelante no te voy a ver ni en pintura’. Tengo grabado en la memoria nuestras charlas, aparcados en Juana de Vega, cuando yo llevaba en coche a Augusto hasta su casa, y nos daban las dos, las tres y las cuatro..., como dice la canción. ¿Cómo olvidar aquellas memorables madrugadas de cháchara?
RCD: Usted asumió la política de fichajes, ¿qué operación destacaría?
RV: El viaje a Bulgaria para fichar a Kiriakov. El presidente Lendoiro me había dicho que no informara a nadie de la misión, ni siquiera a mi mujer. Cuando llegué a la capital búlgara, no pude reprimirme y la llamé. Recuerdo que fui muy parco en palabras: sólo le dije ‘estoy en Sofia, estoy bien’ y colgué. Fue surrealista. En aquella época, los países del Este se abrazaron al capitalismo como a una tabla de salvación y eso, en algún caso, se tradujo en una búsqueda de enriquecimiento fácil. Había que tener cuidado para no caer en sus amaños. De hecho, cuando los búlgaros nos devolvieron la visita, reconocieron que habían tratado con un enviado del Deportivo leal al Deportivo.
RCD: ¿Cuál fue el momento más feliz vivido por Roberto Veira en el club blanquiazul?
RV: Puede que ganar el campeonato de Liga fuese lo máximo como integrante de una entidad, pero si hablamos de sentimientos personales me quedo con el día del ascenso ante el Murcia. Aquello lo tengo muy en la cabeza. Fue como acabar con un mal sueño y despertarte en la más pura felicidad.
RV: Cuando Djukic falló el penalti. Me volví loco: salí del palco y empecé a patear las sillas. En mi opinión, debió tirarlo Bebeto. Poco después, en Sevilla, antes de ganar la Copa, quise saber la verdad. Así que me acerqué al grupo que formaban Fran, Bebeto, Donato y Djukic. Estaba estipulado que lanzarían Donato, Djukic y Bebeto. El brasileño me confesó que estaba seguro de que lo marcaría, pero que él no le quitaba el balón de las manos a un compañero y más si la orden de lanzar procedía del entrenador. Tampoco me gustó el desplante que Arsenio le hizo al presidente Lendoiro en Riazor, durante la celebración de la Copa del Rey del 95.
RCD: ¿Y el más crítico?
RV: En la campaña 97/98, después de que el Barcelona se llevase a Rivaldo, justo en la etapa de José Manuel Corral como sustituto del brasileño Carlos Alberto Silva. Entonces fui con el Deportivo a Mallorca e hice unas declaraciones críticas sobre la dirección técnica del equipo. Éstas tuvieron una amplia difusión en los medios de comunicación, así que al día siguiente acudí a la sede del club para decirle al presidente que estaba dispuesto a marcharme. La respuesta de Lendoiro fue contundente: “¡Déjate de coñas, Roberto!”
RV: Como persona, Mauro Silva. De Bebeto, aunque tenía actitudes infantiles, también tengo un grato recuerdo. Con Djukic y Fran siempre mantuve una excelente relación.
RCD: Y como futbolista.
RV: Bebeto. Su contratación y la de Mauro Silva esultó decisiva para crear un gran Deportivo. Con Mauro y Bebeto comenzó la leyenda del Superdédor. Yo leía mucho los periódicos de Brasil y este hombre, Bebeto, ya hacía goles como churros en su país.
RCD: Elija un entrenador.
RV: Pepe Guillín, en el fútbol modesto, era sinónimo de tranquilidad. Nacimos en el mismo barrio, yo en la calle del Progreso y él en Independencia. Llevamos juntos toda la vida, primero en el Español y después en el Deportivo. Recuerdo que su madre lavaba la ropa del Español y que él andaba de un lado para otro con la gente de la Federación. Pepe es, ha sido y será un figura.
RCD: Un técnico profesional.
RV: John Toshack. No tuvo suerte en La Coruña, quizá debido a su carácter, ya que no se le discutió su magisterio. Hay que decir que fue un señor cuando se marchó, cobrando lo que le correspondía hasta el momento de su salida. Técnicamente fue el mejor, un gran estratega. Yo me reía mucho con él: es un tipo con mucha coña. Un día fui a reprenderle porque se quejó públicamente de la edad media del equipo, personalizando la crítica en Donato. Entonces me soltó: “Pero Roberto, parece mentira, todo el mundo sabe que en Brasil empiezan a contar los años a partir de la primera comunión”.
RCD: ¿Jugó al fútbol?
RV: No pasé de la famosa Escuela de Scopelli. Empecé a trabajar a los 15 años y, por consiguiente, no pude dedicarle todo lo que me hubiera gustado a darle patadas al balón. Recuerdo que en la Escuela me tocó marcar a Luis Suárez, un grande del fútbol. Ahí me dí cuenta de que no llegaría lejos.
RCD: ¿Fútbol de antes o de ahora?
RV: El antiguo, por su espectacularidad y sus goles. Era moneda habitual ver jugadas que te levantaran del asiento y con Amancio en el campo aún más.
RCD: ¿Cómo ve el futuro del Dépor?
RV: Sin problemas mientras continúe Lendoiro. El Deportivo está a punto de cumplir cien años: ¿ha habido una época mejor que la actual? Figuramos entre los cuatro mejores de España y entre los diez mejores del mundo.
El fútbol por encima de todo. También soy aficionado al boxeo y al tenis, aunque me gustan los deportes en general. La música y el baile tradional son mis otras pasiones. Estuve en Follas Novas, en Coros y Danzas y en Rey de Viana. El baile gallego requiere una fuerza tremenda y tuve que dejarlo a los 38 años.
Dos y dos. Siempre he intentado hacer las cosas con equidad.
La Coruña, aunque cada sitio tiene su encanto. También me quedaría con París, Varsovia y Londres. Eso sí, para disfrutar y ver cosas impresionantes, nada como Brasil.
Adolfo Suárez.
Vino tinto, Rioja. Y la cerveza.
Arroz. También el pescado.
El Athletic de Bilbao de Zarra.
Bebeto y Cruyff.
El Orzán. Allí pasé muchos ratos de mi infancia. Ahora paseo mucho por el Orzán y Riazor. También la zona de A Costa da Morte.
La Coruña, entre el 50 y el 70. Echo de menos la tranquilidad de aquellos años. Dejaba a mi novia en La Gaiteira y regresaba a mi casa, en San Andrés, y conmigo no se metía nadie. La alegría de aquella Coruña y el disfrute de sus veranos no volvió a repetirse. Dice esto un hombre criado en una familia de izquierdas, cuyo hermano padeció la cárcel por comunista.
Que mis cenizas se esparzan sobre la bahía coruñesa, como Salvador de Madariaga, en cuya casa viví.
Lo que más quiero en este mundo son mis hijos y mi mujer, María Mercedes Teijeiro.
